Ser ciudadano quiere decir: vivir como hombre libre en un Estado independiente. Esta definición general se aplica a la ciudadanía en el sentido antiguo y se aplica también a la ciudadanía en el sentido moderno. Y, sin embargo, la libertad no tiene el mismo sentido en los dos casos. En el caso de la ciudadanía antigua, ser ciudadano significa: ejercer una parte del poder de la comunidad política. En el caso de la ciudadanía moderna, ser ciudadano significa: asociarse voluntariamente a proyectos de leyes que determinen los objetivos de la vida en común. Hoy en día, la ciudadanía está dividida entre varios modelos y está en búsqueda de una nueva coherencia. De un lado, sufre la tentación “comunitarista” que busca reducir la ciudadanía a una pertenencia étnica o religiosa. De otro lado, es atraída por el horizonte “postmoderno” que pretende una ciudadanía puramente abstracta y “mundialista”, una simple adhesión a principios.
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