Autoras:
MIRIAM CARRILLO LÓPEZ
(miriam_carrillo@prodigy.net.mx)
CLAUDIA MOSQUEDA GÓMEZ
(clausensix@yahoo.com.mx)
Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Azcapotzalco
(Especialidad en Sociología de la Educación Superior)
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RESUMEN
El objetivo de este trabajo es identificar las funciones que desempeña la Universidad, a partir de la relación que ésta establece con el sistema social, desde una mirada sociohistórico. El cuerpo del texto está estructurado en tres partes. En la primera se describe el referente teórico que sustenta el concepto de función social que vamos a emplear en adelante. En la segunda parte se hace un recorrido a través del tiempo de la configuración y transformación de la función social de la universidad, desde su surgimiento en la edad media hasta la modernidad. Finalmente, en la tercera parte, se analizan algunos de los rasgos que están redefiniendo la función social de la universidad en la época contemporánea.
1. El Concepto de Función Social de la Universidad
La Universidad es una de las instituciones educativas más antiguas del mundo que a lo postre se ha configurado como una macroinstitución compleja capaz de redefinir sus funciones en su devenir histórico. Las reflexiones sobre sí misma han sido una práctica constante. En tales reflexiones ha prevalecido una perspectiva centrada en los fines, valores y funciones de la Universidad, en cuál es su encuadre en el contexto económico y social, cómo es su articulación con los problemas nacionales e internacionales, y cuál el espíritu que debe animarla, inquietudes que siguen siendo vigentes en nuestro tiempo.
En este trabajo se recupera la perspectiva sociológica de Niklas Luhmann (1998) sobre el concepto de función social. Esta perspectiva nos permite movernos desde un enfoque recursivo, es decir que podemos mirar el pasado con la perspectiva del presente sin que exista la preocupación de hacer un mal uso del concepto.
La teoria Luhmanina establece la diferencia por funciones del sistema social, a estas diferenciaciones les llama subsistemas: la economía, el derecho, la política, la ciencia, la religión, la educación, las relaciones íntimas y el arte. Cada uno de estos se constituye por un código, un medio simbólico generalizado y un programa para autorreferenciarse ellos mismos y generar la comunicación con uno y otro subsistema.
La sociedad se diferencia dinámicamente para acotar determinado ámbito de problemas y ordenarlos en un espacio de equivalentes funcionales. El armazón teórico de Luhmann considera que la educación es entendida como un subsistema social que permite dinamizar los ciclos evolutivos del sistema. La educación es un sistema funcional porque ordena los problemas típicos dentro de su espacio funcional, es decir que la educación tiene una función particular que le permite
diferenciarse y autorreferenciarse del resto de los subsistemas sociales.
La idea de función social en este trabajo adquiere un sentido dinámico porque la función social no debe ser vista como un dato último, cerrado o acabado, sino como un proceso dinámico que se adquiere en determinadas situaciones sociales. Aquí es la función la que determina a la estructura y no al revés, la función se desarrolla en un ambiente autoreferencial que permite modificar en un continuo a las estructuras sociales. Así las funciones sociales nunca son las mismas sino que evolucionan de acuerdo a la capacidad autoreferencial de los subsistemas sociales. Desde este referente teórico se puede interpretar que el Sistema de Educación Superior, al ser parte del subsistema de educación, adquiere funciones específicas que le permiten reestructurar constantemente las funciones ya sea dentro de la Institución o en el devenir sociocultural. Así, la Universidad adquiere características y funciones propias dentro de su subsistema pero también dentro del sistema social.
Desde la perspectiva sociológica entendemos por la función social de la Universidad un proceso social el que se interpelan directamente la Universidad y el sistema social atravesado por una serie de cambios, coyunturas y contingencias. La función social es el resultado de la interpelación directa entre la Universidad (vista aquí como un macroinstitución social) y los procesos sociales en contextos históricos específicos. Este trabajo pretende mostrar cómo dentro de la evolución sociohistórica la función social de la universidad no resulta nunca la misma, porque el sistema social es un proceso dinámico, coyuntural, complejo, contingente y autoreferencial en que se producen, reproducen y autoproducen nuevas y diferentes funciones que llevan a esta macroinstitución a reconfigurar de manera constante su idea de función social.
Si bien es cierto que durante su desarrollo histórico la Universidad se consolidó como institución, es claro que este título no lo adquirió en ese preciso instante, esto fue resultado de un largo proceso histórico-social complejo. En su génesis esta institución ha adquirido lo que Villaseñor (2003) llama la función social originaria de la Universidad. Este autor afirma que la función social de la Educación
Superior tiene una función originaria que se puede ver en dos dimensiones: 1) Las funciones que adquiere como Institución, y 2) Las que asume dentro del contexto del sistema social. Ambos dimensiones permiten reafirmar la idea central de este trabajo en donde no hablamos de la relación que guarda la Universidad con el sistema social sino que esta relación es disímbola en tanto que los contexto en que se reproduce esta macroinstitución está trastocada por sus propios ambientes sociales y no puede gozar de una carácter homogéneo.
La idea de función originaria resulta pertinente para este trabajo porque es aquí donde identificamos las funciones sociales primigenias de la universidad: investigación y docencia, y en el caso de América Latina, la extensión de la cultura. La función social originaria se puede explicar desde dos ejes: 1) cultivo del conocimiento, con todas las exigencias filosóficas, científicas y metodológicas, y 2)
el servicio a la sociedad. La intersección entre la educación superior y la sociedad dice Barnett toma en cuenta las señales que recibe respecto de cuáles son las capacidades que la sociedad busca. Por su parte, la sociedad absorbe directamente a los graduados que a ella llegan y a menudo lo hace de una manera impredecible (Barnett; 2004: 29).
2. Configuración y Transformación de la Función Social de la Universidad
2.1 Una aproximación al concepto de Universidad
Hablar de la configuración y transformación de las funciones de la Universidad conduce a una reflexión sobre los conceptos y principios fundamentales que dan sentido a la institución en su acontecer histórico y social, que lleva a preguntar sobre el significado y la finalidad de la Universidad en cada tiempo y espacio.
La Universidad aparece en los siglos XII y XIII. Surge como una corporación de estudiantes y profesores que se reúnen con la intención de buscar y difundir el saber y proporcionarse ayuda recíproca en tierra extraña. La corporación de maestros y estudiantes – denominada “universitas magistrorum et scholarium o discipularium” – fue la más importante, organizada y privilegiada de las
corporaciones medievales. Gozó de protección papal e imperial, a través de bulas y decretos, que la facultaba para conferir a sus maestros la licentia docendi, derecho que les permitía poder ejercer la enseñanza en cualquier otra escuela, sin necesidad de aprobar exámenes adicionales. Fue tal su impacto, que se generó la idea de que ningún estudio nuevo podía adquirir tal posición sin una prerrogativa papal o imperial.
La universidad se configuró conforme a las características propias de las agrupaciones medievales; sin embargo, de acuerdo con Casanova, la corporación, para defender sus intereses, proporcionó los contenidos que habrían de persistir a lo largo de su historia, constituyendo su fundamento:
…el primer contenido esencial existe merced a la vinculación de individuo que se desean articular en torno al saber; la búsqueda y difusión del sabe representa el segundo contenido y; finalmente, la certificación del sabe constituye el tercero (1996: 21-22)
2.2 El nacimiento de la Universidad Moderna
Con el advenimiento de la modernidad se fraguan una seria de cambios en la estructura económica, social, política y educativa. El reacomodo del orden social de la modernidad deja ver que la producción económica de ser agraria pasó a ser industrial, esto provocó que la división del trabajo se hiciera más compleja y especializada. La estratificación social se dinamizó al diversificarse las clases y abolir los linajes como posición socia estable, rígida y única. Debido a estas transformaciones la educación adquirió tendencias a la formalización, se democratizó la vida escolar a la vez que se complejizó al configurarse en diferentes niveles y especialidades.
Ante el arribo y consolidación del proyecto moderno, la Universidad se transforma sustancialmente, ya no será más como en el periodo de la sociedad tradicional. Las fuertes críticas que la señalaron como una institución “moribunda”, que se reducía a la simple certificación del saber mediante el otorgamiento de grados, la sometieron a una reconfiguración en su organización, ideales y función.
Es a finales del siglo XVIII, y principios del XIX, cuando la Universidad resurge para transformarse radicalmente, asumir nuevas funciones, responder a distintos fines y adquirir las características que la distinguirán de otra clase de instituciones en adelante. De acuerdo con Wittrock, es durante este periodo cuando las universidades resucitan como las principales instituciones de producción del
conocimiento, y llega a predominar la idea de una Universidad orientada hacia la investigación, asociada con la consolidación de los nuevos estados – nación (2002: 333).
Las funciones sustantivas que sustentan la misión tradicional de la universidad, surgen precisamente durante este periodo y será a la postre que éstas mismas se redefinan y la configuren como una macroinstitución compleja. Desde una mirada históricosocial ubicamos el origen de estas funciones en cinco modelos universitarios: el francés, el inglés, el alemán, el estadounidense y el latinoamericano.
El modelo francés fue uno de los primeros en romper con el paradigma de lo que debía ser una Universidad, pues no sólo era opuesto en cuanto a su organización, de una comunidad de maestros y estudiantes, a una organización burocrática y jerarquerizada; sino que además, generó una nueva idea de lo que debía ser una Universidad en esencia: su misión no era más la búsqueda del conocimiento, sino el entrenamiento de las élites para los cuadros gobernantes. Este modelo reafirmaría la función de docencia, mediante la transmisión de conocimientos para formar a quienes habrían de ocupar los diferentes cargos públicos.
El modelo inglés, al igual que el francés, se orientó hacia la docencia, pero con un sentido diferente. Este modelo perseguía una formación integral del hombre, a través de la búsqueda del conocimiento sin finalidades prácticas. A diferencia del anterior, el modelo inglés más que preparar a sus estudiantes para desempeñarse profesionalmente en algún cargo público, pretendía formar una élite creadora en las ciencias, las humanidades y la política (Ben-David, 1966: 40-44).
Por su parte, el modelo alemán reivindicaría la función de investigación, considerando a la universidad como una institución al servicio de la ciencia. Humboldt, creador de la Universidad de Berlín diría que la misión de la universidad era elevar la cultura moral de la nación a través del cultivo de la ciencia. Las aportaciones al sistema de educación superior que se desprenderían de la
universidad alemana, como la división del saber en disciplinas, la libertad académica y el avance de la ciencia, convertirían a esta institución en el prototipo a seguir, considerándola en adelante como el modelo de universidad moderna orientada a la investigación.
El modelo estadounidense, definido por algunos como la “gran empresa académica”, se caracteriza por ser un sistema altamente diferenciado que da cabida a una amplia gama de instituciones, modalidades, niveles y especialidades, que promueve y estimula la investigación sobre las otras tareas, y que opera bajo la lógica del mercado promoviendo mecanismos de competencia e intercambios comerciales (Casanova, 2004: 6-7). Este modelo adquirió gran fuerza y alcance sobre todo hacia mediados del siglo XX, ejerciendo una influencia importante en las prácticas de muchas universidades del mundo, convirtiéndose en el paradigma institucional de la idea contemporánea de universidad.
Finalmente, el modelo universitario latinoamericano se preocupó por extender su acción más allá de los muros académicos y rebasar las tareas clásicas de la educación superior. La Reforma de Córdoba de 1918 en Argentina, replantearía las relaciones entre la universidad, la sociedad y el Estado. Los principales objetivos que perseguía este movimiento eran:
a) autonomía universitaria, en sus aspectos político, docente, administrativ y económico,
b) democratización del gobierno universitario,
c) gratuidad de la enseñanza,
d) vinculación con el sistema educativo nacional,
e) acceso a la universidad de los sectores más amplios de alumnos, consideración de su origen y posición social,
f) acceso a la enseñanza a todos los intelectuales y profesionale competentes, sean cuales fueren sus ideologías y su procedencia,
g) vinculación de la universidad con el pueblo y la vida de la nación. (Tünnermann, 1990: 245-250)
Estos elementos contribuyeron a delinear el perfil de la universidad latinoamericana, fortaleciendo la idea de una institución que fuera capaz de vincularse comprometidamente con los problemas de la sociedad. El concepto de extensión universitaria, que es una de las mayores aportaciones de este movimiento, será clave para analizar el carácter social de las universidades, ya que por la naturaleza de sus fines, la extensión es la función universitaria que “…debe procurar estimular el desarrollo social, elevar el nivel espiritual, intelectual y técnico de la nación, proponiendo, imparcial y objetivamente ante la opinión pública, las soluciones fundamentales a los problemas de interés general”.
3. La Función Social de la Universidad Contemporánea
A pesar de las tensiones sobre la concepción y el funcionamiento de las universidades entre los modelos reconocidos y aceptados, dice Wittrock que “existió, al menos retóricamente, un notable acuerdo en cuanto al verdadero papel de la universidad; un acuerdo que traspasó las fronteras nacionales [y que consideraba] a la universidad como un lugar para el discurso genuino y para una
interacción no manipuladora” (2002:355).
Esta idea sobre los propósitos que debía perseguir la Universidad, sin embargo, duraría hasta la Segunda Guerra Mundial, periodo en el que se fortalecerían las capacidades industriales y tecnológicas de los nuevos estadosnación y se aplicarían los descubrimientos de la investigación. Los avances científicos fomentarían el florecimiento de la ciencia ocupando un lugar preponderante en las funciones de la universidad, transformando nuevamente la misión de la institución.
A partir de la década de los sesenta, se gestarían una serie de cambios en la dinámica universitaria que pronto conducirían a una refuncionalización de la universidad en el nuevo contexto. Desde la perspectiva de Wittrock el proceso de expansión se miró como una reestructuración que tuvo como principio: i. La eflorescencia de la ciencia; ii. La diversificación de la educación superior; iii. Una nueva identidad disciplinar; iv. La expansión de estudiantes en la educación superior, y con ello la masificación; v. El reordenamiento del sistema mediante las políticas del Estado de Bienestar.
Todos estos cambios reavivarían el debate sobre las responsabilidades y funciones que la universidad habría de asumir en el nuevo contexto, o su renuncia a ellas. En ese sentido, Gibbons (1996) señala que estos cambios a los que se enfrenta la universidad son: i) Diversificación de las funciones de la Universidad; ii) Redefinición del perfil social de las poblaciones estudiantiles; iii) Educación para las profesiones, marcando un tránsito de la educación liberal a la profesional; iv) Inclinación hacia la investigación en su orientación básica (tensiones entre la universidad y la enseñanza); v) Investigación orientada a la resolución de problemas; vi) Declive de la producción primaria de datos e ideas a las reconfiguraciones de datos y aportes capaces de producir nuevos resultados; vii) Ampliación de la responsabilidad de la Universidad hacia la industria, gobierno y mass media; viii) El futuro de la tecnología frente al papel de la enseñanza; ix) Fuentes múltiples de financiamiento (empresarialización de la educación) para la educación superior; x) Desarrollo organizativo de la Universidad moderna (eficiencia y ethos burocrático): 1 especialización y fragmentación del conocimiento; 2 Especialización implacable.
Cuando en el contexto contemporáneo algunos teóricos hacen referencia a la nueva universidad y a sus nuevas funciones estarían hablando de todas aquellas funciones de la universidad surgidas por la contingencia y que esta institución va absorbiendo. Las nuevas funciones de la universidad forman parte de la autoproducción de esta Institución: “La nueva Universidad es producto de las contingencias del sistema social porque adquiere nuevos tipos de docencia, investigación y difusión o porque perfeccionan sus técnicas como ciencia, o porque legitiman como humanismo” (González; 2000: 19).
No se trata de que la llamadas “nuevas funciones” pierdan el sentido puro u originario que las ha visto nacer sino que se van modificando porque el sistema social se autoreferencia así mismo, en este sentido la universidad en las postrimeras del fin de siglo XX y los laborales del siglo XXI se torna compleja porque el contexto mismo es complejo.
Y es que la etapa en la que se desenvuelve actualmente la educación superior, definida por Barnett como una era de supercomplejidad, en donde se manejan múltiples marcos de comprensión, de acción y autoidentidad del mundo, que a menudo entran en conflicto, ha constituido una cambio de paradigma en el modo en que se concibe y valora la función social de la Universidad. Según el autor,
la Universidad no sólo se enfrenta a la supercomplejidad, sino que ha contribuido a crearla, a tal punto que ello se ha convertido en su misión moderna (2002: 22).
Bajo ese contexto supercomplejo, Barnett señala que la universidad adquiere distintas condiciones que le permiten redefinir sus funciones y resistir los embates frente al contexto contemporáneo: 1) Interdisciplinaridad crítica: la universidad como una macroinstitución capaz de resolver las contingencias de su propio subsistema y del sistema social, así como prever las respuestas de nuevas perspectivas desde los discursos múltiples, multidisciplinarios; 2) Autoescrutinio colectivo: La universidad es una macroinstitución que se autoreproduce en el devenir histórico, modificando sus funciones sociales dado que el contexto mismo se torna contingente. Valorar desde este enfoque el devenir de las funciones de la universidad implica asumir que esta institución social también es contingente y compleja; 3) Renovación premeditada. la universidad tiene que mantener sus propósitos bajo revisión, reafirmándolos continuamente; 4) Mover las fronteras: si se asume que la Universidad es una macroinstitución compleja con fronteras siempre abierta al cambio, con límites flexibles; 5) Compromiso Participativo. En este contexto la Universidad no es la única productora de conocimiento, asistimos a un momento histórico en que la Universidad forma parte de industria del conocimiento. Los límites flexibles le permitirán interactuar con otras comunidades científicas; 6)
Tolerancia comunicativa. En una era de complejidad, la universidad tiene que elevar al máximo las oportunidades para que se escuchen voces diferentes. De esta manera, la universidad contemporánea asume una triple responsabilidad:
1. Ayudar a generar la supercomplejidad, interrogarla e informarno sobre ella,
2. Ayudarnos a trazar un camino a través de ella y a desarrolla historias defendibles sobre el mundo, incluidos nosotros mismos,
3. Desarrollar las estructuras del ego de tal modo que podamos viv en paz con nosotros mismos y con los demás, incluso en medio d la supercomplejidad, y que podamos efectuar intervencione intencionales pero reflexivas en el mundo. (Barnett, 2002: 109)
Es así como hablar de la función social de la Universidad, bajo un contexto supercomplejo, en el que existe un nuevo conjunto de principios y valores para las instituciones que se denominan a sí mismas “universidades”, no es tarea fácil, pues la multitud de reflexiones e interpretaciones que pueden hacerse al respecto, vislumbra un aumento de las “ideas” y “funciones” sobre ella.
Reflexiones Finales
En suma, puede decirse que la reconceptualización y reorientación de la función social de la Universidad en el siglo XIX y XX, la convirtió en la institución axial del mundo moderno, gracias a que ésta logro desarrollar –como ninguna otra institución educativa y macrosocial–, un papel fundamental en el fortalecimiento de la identidad nacional, en el avance de la ciencia y la tecnología, y en la formación del personal administrativo y técnico competente al servicio del moderno Estado-nación.
Si bien se afirma que en la actualidad las funciones que realiza la Universidad tendrán que tener un fin más allá de sí mismas, pues se ha pasado del conocimiento como contemplación, al conocimiento como praxis, donde se necesita saber, sí, pero un saber que sea útil, en donde el
Referencias Bibliográficas
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BJÖRN, Wittrock. (1996). “Las tres transformaciones de la universidad moderna”. En: S.
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